martes, 10 de junio de 2008

Unos periodistas más bocazas que un carretero

Como nadie firma la crónica, consideraré autor de la misma al director, Alfonso Rojo. Director de un medio ¿informativo? digital que si por algo se caracteriza es por los insultos que dedica al gobierno y a los que estén en la órbita del mismo:
Una ministra más cursi que un repollo con lazo

(PD).- No sabe castellano. Tiene un curriculum más falso que un euro de madera. No se entera de nada y encima es más cursi que un repollo con lazo. Y lo tremendo -para todos nosotros- es que encima es ministra del Gobierno de España. Hablamos de Bibiana Aído, que este lunes se estrenó en el Congreso con eso tan bobo de: “Miembros y miembras de esta comisión”….

Ha sido un estreno con patada al diccionario. Pero no una, sino muchas, porque la ministra de Igualdad se dirigió a sus ‘señoríos diputados’ y ‘señorías diputadas’.

No es más tonta, porque no se puede. Porque parece lógico que ejerza de feminista, de roja -hasta eligió ese color para el vestido de su estreno- y que se muestre orgullosa de encabezar el primer Ministerio de de la Igualdad de España. Pero patochadas como la de este lunes, es dificil contemplar.

Bibiana Aído pasó este lunes su bautismo de fuego en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo, dejando una imagen penosa. Lo suyo fue una patochada.

(...)

Se puede considerar que la ministra no estuvo acertada a la hora de exponer su plan, se puede considerar una patada al diccionario el uso de la expresión “miembra”, incluso se puede considerar ridículo, pero lo que está de más es insultar. Pero en Periodista Digital son expertos en ellos, poco más podemos esperar del blog digital de Alfonso Rojo.

2 comentarios:

Fermin dijo...

Como decía el gran Forest Gump "tonto es el que hace tonterías". Podemos ser todo lo de izquierdas y todo lo guays que quieras, pero lo de esta señorita es una soberana soplapoyez

Felipe dijo...

El hecho de que alguien diga una tontería una vez no lo convierte en tonto. Se puede decir que la ministra dijo una tontería, pero no se la puede llamar tonta por eso. Tonterías las decimos todos en numerosas ocasiones y el diario de Alfonso Rojo no es ajeno, ni mucho menos, a esa práctica.